lunes, 31 de octubre de 2011

Lectura de "Halloween" de Inés Díaz Abad, "Un conte de por que no fa tant por" de Isabel Lloret Pérez y "Coco y Mosquín" de Esmeralda Martínez Orts

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XVI Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial AguaClara 2011.
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Obra: Halloween
Autor: Inés Díaz Abad
Curso: 6º Primaria del CEIP Azorín de Monóvar
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Obra: Un conte de por que no fa tant por
Autor: Isabel Lloret Pérez
Curso: 2º Primaria del CEIP Banalúa de Alicante
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Poema: Coco y Mosquín
Autor: Esmeralda Martínez Orts
Curso: 4º EP del CAES Nazaret de Alicante
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domingo, 23 de octubre de 2011

Lectura de "La familia es super guai" de Inés Díaz - "Aquesta maleïda guerra" de Germà Lillo - "Un día en la montaña mágica" de Adrián Martín

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XVI Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial AguaClara 2011.
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Obra: La familia es super guai
Autor: Inés Díaz Abad
Curso: 6º Primaria del CEIP Azorín de Monóvar
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Obra: Aquesta maleïda guerra
Autor: Germà Lillo Gutiérrez
Curso: 6º Primaria del CEIP Enric Valor de Alicante
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Obra: Un día en la montaña mágica
Autor: Adrián Martín Sobrino
Curso: 6º de Primaria del CEIP Enric Valor de Alicante
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jueves, 20 de octubre de 2011

Leo Leo que me animo a leer: Los coleccionistas de vídrio

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 19-10-2011
Teresa

El sol dominical sólo fue una tregua, el lunes volvió el temporal con más virulencia, y esa semana los barcos no pudieron salir a faenar.
Los vecinos tuvieron que cerrar y asegurar las contraventanas de las casas, para que no golpearan y rompieran los cristales, y por primera vez desde que empezara el invierno , hubo que encender la chimenea y añadir más mantas a las camas. El aire, proveniente del Norte, era gélido.
Como la “sargento” no dejó salir de casa al señor Mauricio, no hubo cartas ni dominó, y Andrés y Joaquín se enfrascaron en la lectura de la Isla del tesoro. Joaquín, además, comenzó a redactar en una libreta tamaño cuartilla las historias de los dos vidrios de su colección, tratando de recordarlas palabra por palabra, tal y como las había narrado el abuelo.
- Las voy a ir apuntando todas aquí, así no se me olvidarán nunca.
El viernes, la borrasca remitió y el cielo amaneció despejado y limpio. Los niños estaban eufóricos en el colegio, mirando al sol por la ventana. Al día siguiente podrían volver a la Cala del Viento a por más tesoros, y verían de nuevo a Teresa.
Y así, el sábado, temprano, Joaquín se presentó en la casa azul de buena mañana, con el pelo mejor peinado de lo que lo había llevado en su vida.
- ¡Válgame Dios! -exclamó el abuelo al abrir la puerta-. Andrés, date prisa, hay un caballero esperándote.
Andrés salió del baño, donde llevaba un buen rato, también con la raya del pelo bien marcada, un ligero tufo a colonia del abuelo.
- Sois los dos exploradores más apuestos que he visto en mi vida. Creo que preferís que hoy Mauricio y yo no os acompañemos, ¿no?
- No, abuelo, no te preocupes, es un trecho muy largo para vosotros. ¡Hasta luego ¡
Corrieron por el sendero que conducía a la cala, pero pasaron de largo el desvío que bajaba hasta ella y fueron más allá, hasta llegar a la casa de Teresa.
- Llama tú
- No, llama tú
- No, llama tú, discutieron, recobrando el aliento frente a la puerta del jardín.
Teresa los recibió con una sonrisa radiante y los invitó a entrar. Era una casa impresionante, de techos altos y ventanas con vidrieras. Los niños la miraban embobados, comparándola mentalmente con las propias y pensando que cabían enteras en el recibidor de ésta.
- ¿Habéis almorzado ya? -preguntó Teresa-. Mi madre y yo hemos hecho galletas.
La siguieron hasta la cocina, inmensa, y los presentó a su madre. Era una mujer joven y muy guapa, con el pelo rubio y recogido en un moño, que les saludó afectuosa.
- ¡Así que vosotros sois los coleccionista s de vidrio…! -sonrió.
A Andrés, que no recordaba a su madre, le pareció un ángel, y asintió alelado. Joaquín la comparó con la suya, diez veces más corpulenta, y se preguntó cómo era posible que ambas pertenecieran a la misma especie animal.
Se llamaba Ángela, no era posible otro nombre, y mientras Teresa iba a calzarse las botas de agua para bajar a la playa, les sirvió leche caliente y galletas, mientras se interesaba por cosas por las que suelen interesarse las madres, tales como dónde vivían, si tenían hermanos o en qué curso estaban
Después de agradecer el almuerzo, con toda la educación que fueron capaces, y de prometer que tendrían cuidado, bajaron los tres trotando a la playa en busca de vidrio. Rebuscaron entre las piedras mientras se contaban lo que habían hecho durante la semana.
Teresa parecía desplazarse sin apenas tocar el suelo, les daba la impresión de que flotaba, como un hada, y más de una vez tuvieron que recordarse que debían mirar hacia el suelo, mirándola a ella no encontrarían vidrio de mar.
- Mi profesora de pintura quiere que pinte la bahía dijo Teresa. Soy buena pintando, ¿sabéis? De mayor seré pintora. Esta tarde, después de comer, tal vez empiece el cuadro… Pondré el caballete allí arriba dijo señalando lo alto del promontorio. Sí, creo que será un buen sitio.
¿Podremos ver cómo lo haces?
- Prefiero que no estéis, no me concentraré. Os lo enseñaré al terminar. Y puedo enseñaros muchos otros que ya tengo hechos… ¿Qué seréis vosotros de mayores?


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Tomado de:
 Los coleccionistas de vidrio
Autor: Aurora Rua
Ilustrador: Paula Alenda
+ 8 años
Editorial:  Tàndem Edicions
ACTIVIDADES:
  1. En la lectura se cita el título de un libro muy conocido, haz una reseña del mismo indicando título, autor y argumento.
  2. Subraya en el texto la descripción de Ángela, la madre de Teresa y cópiala con buena letra en tu cuaderno. Busca una foto en una revista que pueda responder a esta descripción, recórtala y pégala debajo.
  3. Escribe un cuento sobre unos niños que encuentran en una playa unos cristales maravillosos que tienen poderes y envía tu historia por mail a nuestro concurso literario. No te olvides ilustrar tu cuento.
Envíalo a:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
o per e-mail a: grupoleoalicante@gmail.com

No te olvides poner tus datos personales, colegio y teléfono o e-amil para poder contactar.

domingo, 16 de octubre de 2011

Leo Leo que me animo a leer: El joven Gulliver

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 13-10-2011
La isla de los libros

Cuando abrí los ojos de nuevo, yacía en un diluvio de luz. Me incorporé. Estaba en una playa de arena blanca, sembrada de algas y conchas. Detrás de mí se alzaba un bosque de cocoteros. Delante, unas aguas cristalinas y un arrecife de coral. Mis manos, mis piernas y pies estaban cubiertos de cortes y rasguños. Había llegado hasta allí pasando por uno de los estrechos canales.

Me levante y me lavé las heridas en la orilla. Me escocieron, pero sentí gran alivio. Lo último que recordaba era el momento en que la barca había volcado. No sabía si habría llegado a una isla o continente.

Anduve por la playa hasta encontrar la barca totalmente desvencijada. Había encallado en el arrecife y el oleaje la había arrojado a la playa. Allí estaba el mástil roto y mi saco de marinero. Abrí el saco. Además de la ropa estaba la cajita de plata que me había dejado mi padre al irse en su último viaje. La abrí y vi la carta de mi madre y la nota de mi padre con la posición del continente austral que me había llevado de su despacho.

Tenía sed. Pensé en el agua de los cocos. Elegí un cocotero y trepé por él. Después de varios intentos logré alcanzar la copa y desprender dos grandes cocos. Con una pequeña navaja pinché la parte más blanda por un extremo y bebí el agua fresca, luego lo partí y comí la pulpa blanca y sosa.

El resto del día lo dediqué a secar mi ropa y a explorar la playa. No me atreví a acostarme bajo las palmeras ni tampoco cerca de la selva, porque no sabía qué animales podía encontrar allí. Me tumbé en la playa, fuera del alcance de la marea.

De noche me desperté. A la luz lunar vi unas criatura diminutas, que se movían de lado.”Son cangrejos que se pelean bajo la luna”. Fui hacia ellos y se alejaron hacia la selva. No los seguí. Volví a mi lecho y me dormí arrullado por el sonido de las olas.

Por la mañana, el ruido de las olas se transformó en rumor de palmeras. Volví la cabeza y los vi salir de la maleza. Se desplazaban apoyándose en los cantos de sus tapas y en el borde inferior de sus lomos. Lo que había tomado por rumor de palmeras era el susurro de sus hojas. No eran cangrejos sino libros, aunque algunos no lo parecían. Los había encuadernados de muchas formas. No me sorprendió el espectáculo de tantos libros andantes. ¿No suelen decirse de algunos libros que están llenos de vida? ¿Acaso no nos hablan, conmueven y nos trasportan a otros tiempos y lugares? Aquellos libros no eran distintos a los demás, salvo en que se movían solos. Eran ellos los que dejaban marcas en la arena. Me acordaba también de aquella planta que crecía en las cercanías del mar Caspio y daba unos frutos lanudos en forma de corderos, que se desprendían de las ramas y caían al suelo. ¿Qué tenía de raro entonces que un árbol produjese libros?

De nuevo, como la noche anterior, me dirigí hacia ellos. Detuvieron su aproximación los libros y permanecieron inmóviles. Dieron media vuelta y volvieron a la maleza.

Me dediqué a resolver el problema de la subsistencia. Comprobé que la costa donde había naufragado podía proporcionarme lo que necesitaba y ya me encontraba en condiciones de dedicar mi atención a los libros. Eran curiosos y se acercaban a espiarme siempre que podían. Pensando que mi estatura podía asustarlos, me puse a andar apoyándome en las manos.

El truco funcionó. Poco a poco me gané la confianza y llegué a tocarlos y hasta abrirlos. Agitaban sus hojas y se dejaban caer para que las acariciara. Creo que en el fondo estaban deseando que alguien como yo llegara al lugar. Porque ¿de qué sirven los libros sin lectores?

Una mañana, emprendí un viaje por la orilla, un puñado de libros me siguió, pero se quedaron atrás. Tardé tres días y noches en llegar al mismo punto, comprobé que estaba en una isla. Me interné en la selva. Allí vivían la mayoría de los libros amparado en la maleza, y desde allí bajaban a la playa.

Había libros de todos los géneros: poesía, teatro, historia……Con el tiempo descubrí que los de aventuras no se alejaban de las palmeras y que a los de poesía les gustaba pasear a lo largo de una corriente de agua fresca que bajaba de las montañas. Algunos estaban escritos en alfabetos incomprensibles. Los había de marfil, de nácar, de bambú y hasta de hojas de palma. Unos eran más grandes que otros. Al principio me intrigaba que se conservaran tan bien hasta que descubrí que evitaban la lluvia y las mareas, y que cuando se mojaban se colocaban abriendo sus páginas al sol y las ponían a secar. De noche se acomodaban en las ramas que les servían de estantes. Poco a poco aprendí a conocer su carácter. Algunos, más tímidos, me evitaban. Otros, que pertenecían a una misma colección, iban siempre en grupo. Ningún ejemplar estaba repetido. A ninguno le gustaba escucharme cuando leía en voz alta a uno de sus compañeros. El libro que estaba leyendo parecía satisfecho. Al ser leídos se volvían más suaves y flexibles como si se ablandaran por su uso. A veces, cuando estaba tendido en la arena, algunos de ellos me rodeaban y se me echaban encima. Me acordaba de cuando era niño, y echado sobre el suelo rodaba sobre los libros de mi casa.

Ahora sabía que no nacían de los árboles ni en ningún otro lugar de la isla. Pero, si no nacían allí, ¿de dónde procedían?

Una noche soñé que habían llegado a la isla en forma de hombre, como yo, y que poco a poco se había transformado en libros. Quizá también yo era uno de ellos, pero no lo sabía. Desperté con una sensación extraña y me llevé la mano al pecho para asegurarme que tenía el corazón en su sitio.

En otra de mis fantasías, aquellos libros procedían de todos los naufragios de la historia y las corrientes los habían concentrado allí. Naturalmente, era un disparate el pensar que flotando habían llegado a la isla. Por otra parte, tampoco estaban todos. Quizás vivían en una zona agreste e inexplorada.

Como las muescas que hacía en las palmeras para anotar los días no servían de nada, no puedo saber cuánto tiempo permanecí en la Isla de los Libros.

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Tomado de:
 El joven Gulliver
Autor: Vicente Muñoz Puelles
Ilustrador: Irene Fra Gálvez
+ 12 años
Editorial:  Tucán Rojo - Edebé
ACTIVIDADES:
  1. ¿Cómo llegó el joven Gulliver a la isla?
  2. Lo que él creía que eran cangrejos en qué se convirtieron.¿ Cómo eran y dónde vivían?
  3. Escribe un cuento de cómo pudieron llegar allí los libros y acompáñalo de un dibujo original, participarás en el Concurso Literario del Grupo Leo 2012.
Envíalo a:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
o per e-mail a: grupoleoalicante@gmail.com
No te olvides poner tus datos personales, colegio y teléfono o e-amil para poder contactar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Lectura de "Pablo y su imaginación" de Lydia Casero - "Romance de flor" de Roberto Pérez - "¡Ya estoy aquí!" de Sofía Carrión - "Cosas de charcas" de Valerie Gómez de Cádiz

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XVI Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial AguaClara 2011.
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Obra: Pablo y su imaginación
Autor: Lydia Casero Rubio
Curso: 6º Primaria del CIP L'Horta de San Vicente del Raspeig
© El Autor. Todos los derechos reservado

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© Lydia Casero Rubio. Todos los derechos reservados.
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Obra: Romance de flor
Autor: Roberto Pérez Guerras
Curso: 5º Primaria del del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservado

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© Roberto Pérez Guerras. Todos los derechos reservados.
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Obra: ¡Ya estoy aquí!
Autor: Sofía Carrión
Curso: Tercer Ciclo Primaria del Colegio San Agustín de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservado

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© Sofía Carrión. Todos los derechos reservados.
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Obra: Cosas de charcas
Autor: Valerie Gómez de Cádiz Maciá
Curso: 6º Primaria del del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservado

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© Valerie Gómez de Cádiz Maciá. Todos los derechos reservados.

viernes, 7 de octubre de 2011

Leo Leo que me animo a leer: Oda als peus i altres poemes

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 05-10-2011


Poemes
ODA ALS PEUS

Grans o menuts,
amples o estrets,
grossos o fins,
lletjos o bells,
siguen com siguen
són tots els peus
dignes d’estima
i aplaudiment.
Som el que som
gràcies a ells:
ens fan anar
ràpids y drets
per on se vulga
que desitgem,
deixant-nos lliures
les mans per fer
treballs, carícies,
menjars, adéus…
Si no els tinguéssem
seríem serps
reptant per terra
sense més cel
que herbam i roques,
arena i fem,
o a quatre potes,
com els porquets
sols menjaríem
el que trobés
per terra el nostre
bavós musell.
Per això un cant
de lloa, oh peus!,
us faig, encara
que els meus sigueu
menuts i grossos,
amples, lletgets,
i sempre un mal
m’estigueu fent
de mil dimonis
ben punyeters.

VENTS

Bufa el vent de ponent.
Bufa el vent de llevant.
Si de ponent, calor.
Si de llevant, plourà.
Jo vull que bufe, mare,
sempre el vent de llevant,
que la calor m’ofega,
no em deixa respirar,
asseca rius i fonts
i mata arbres i camps.
Jo vull que ploga, mare,
que estic assedegat.
Bufa el vent de ponent.
Bufa el vent de llevant.
Si de ponent, calor.
Si de llevant, plourà.

MENJAR-SE EL MÓN

Si el món fos de xocolata
ja me l’hauria menjat
sense deixar riu ni platja
ni muntanya ni ciutat.
Més que l’or i que la plata,
que dormir i estiuejar,
m’agrada la xocolata,
siga en pastís o gelat,
feta bombó e en la tassa
ben calenta amb pa sucat,
al matí i a la vesprada,
per dinar i per sopar.
Si el món fos de xocolata
el tindria fa temps ja
senceret dins de la panxa,
tot i que em pegara mal.

LA BALENA

Com una muntanya negra
anant d’ací cap allà
es passeja la balena
per tot l’immens oceà.
Obri a vegades l’aixeta
que té al capdamunt de dalt.
i es dutxa la molt coqueta
fent vore que és un volcà.
Quan veu que vénen per ella
i que la volen caçar
s’enfonsa com si tinguera
un coet al cul clavat.
Si té sort i escapa il·lesa
de l’ensurt y de l’atac,
torna a dalt i fa la sesta
bressolada per la mar.

LA PLUJA

Quan plou
plou per a tots.
Per al gat i per al gos.
Per a la pedra i la flor.
Pel al feliç i el ploró.
Quan plou
plou per a tots.
Però si al gat no li agrada,
que ploga fascina el gos
i si la pedra li esvara
és pa i mel per a la flor,
per al feliç cançó d’alba
i per al trist amarg plor.
Quan plou
mai plou que puga
dir-se que plou
a gust de tots.
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Tomado de:
 Oda als peus i altres poemes
Autor: Marc Granell
Dibuixos: Manuel Granell Rodríguez
+ 8 anys
Editorial: El Micalet galàctic - Bromera

Propostes didàctiques - Oda als peus: www.bromera.com/tl_files/propdidac/18/18137.pdf

ACTIVITATS:
  1. Inventa un poema amb un animal que t’agrade. Quan hages acabat fes-li un dibuix ben bonic.
  2. Fes el mateix amb una part del teu cos.
  3. Envia els teus poemes acompanyades d'un dibuix original al "Concurso de Poemas y Cuentos del Grupo Leo 2012" a:
Grup Leo
Apartat 3008
03080 Alacant

sábado, 1 de octubre de 2011

"El joven Gulliver". Libro del mes de octubre de 2011


ISBN: 978-84-683-0013-9
Recomendado: + 12 años
Colección: Tucán Rojo
Editorial: Edebé
Reseña:
Tal vez algunos hayáis oído hablar de Los viajes de Gulliver, pero pocos sabréis que también su hijo vivió una gran aventura. Ésta es su historia, que empieza cuando escapa de casa para embarcarse hacia Oriente, precisamente deseando encontrar a su padre el capitán Gulliver y conocer por sí mismo esos lugares fantásticos en los que hay rebaños de ovejas liliputienses, de lana finísima, vacas gigantescas que podían alimentar a un ejército y sedas de araña increíblemente resistentes, más fuertes que las sogas de los barcos…

El autor:
Vicente Muñoz Puelles nació en Valencia en 1948. Ha publicado novelas, relatos, trabajado como traductor de noveles...

En cuanto a la literatura infantil, ha escrito una gran cantidad de novelas juveniles y de cuentos infantiles.
Ha recibido el Premio Nacional Infantil y Juvenil (1999), el Premio de Álbum ilustrado Ciudad de Alicante (2002), que también mereció una nominación White Ravens (2004), el Premio Alandar (2004), el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil (2004) y el Premio Libreros de Asturias (2006).


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Grupo Leo
Apartado de Correos 3008
03080 Alicante