lunes, 29 de junio de 2009

Lectura de: "Un fantasma en una habitació" de José Miguel Molina Llin

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.
Cuento: "Un fantasma en una habitació"
Autor: José Miguel Molina Llin
Curso: Primaria del CP Joaquín Sorolla de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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En una nit molt fosca un fantasma va entrar a una casa, va vore una xiqueta dormint i es va acostar un poquet més a la xiqueta. La xiqueta es va despertar i el fantasma li va dir:
- Hola! Xiqueta com estàs?
La xiqueta es va espantar i va cridar als seus pares. Els pares es van espantar un poquet però el fantasma els va dir:
- Tranquils no vaig a fer-vos res.
I es van fer amics.
I conte contat ja s'ha acabat.
© José Miguel Molina Llin

viernes, 26 de junio de 2009

Cuentos del murciélago goloso. Blas, el -jenio- del lumigás

Diseño de la cubierta: Santiago Gallego

Cuentos del murciélago goloso

© Autores LIJeros

Índice de cuentos y autores:

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Blas, el <<jenio>> del lumigás

por Isabel Redondo


Autora de las ilustraciones: María Sierra Varo
Otra vez las faltas. Las puñeteras faltas de ortografía.
Y había que copiarlas cincuenta veces.
Cuando Teresa, la profe de Lengua, me devolvió el dictado corregido, éste estaba más rojo que un tomate con vergüenza.
—De verdad, chicos, que hoy estáis especialmente inspirados —nos había dicho antes de repartir los cuadernos—. Si esto fuera un ejercicio de creatividad, os aseguro que os ponía un 10 a todos.
Y a mí, después de recordarme por centésima vez que «lo primero que se echa es la hache» y que «el que debe con uve no paga», me soltó delante de todos los compañeros:
—¡Animal, que genio es con ge!
Eso sí que no. De eso estaba seguro y bien seguro.
—Pues yo lo he visto escrito con jota. En un libro que tiene mi madre —repliqué, encantado de poder llevarle la contraria aunque fuera por una sola vez.
La señorita Teresa se puso pálida.
—¿Qué libro es ése?
—Uno de un señor llamado Juan Ramón Jiménez.
En un instante, la cara de Teresa pasó del amarillo al rojo como si fuera un semáforo.
—¡Ah, bueno! Pero es que Juan Ramón Jiménez escribía las palabras como a él le sonaban.
—¡Mírale qué majo! ¿Y por qué nosotros tenemos que aprendernos este rollo? —protesté sin poderme aguantar. Aquello ya era demasiado.
—Eso digo yo —me siguió mi amigo Julio. Con él se puede contar para todo.
—Pues si a ese tío le dejan escribir con faltas, a menda lerenda también —saltó Juan de Ares, el más gamberro de mi clase, poniéndose de pie y lanzando después el libro de Lengua a la papelera.
¡Encestó de plano, el tío, desde su mesa! Si le ficharan los de la NBA le harían dos favores a la Humanidad: el primero, quitárnoslo a nosotros del medio, y el segundo, que en la «Nacional
Baloncesting Americana» tendrían un elemento de primera.
Como la cosa se estaba empezando a liar, porque ya el Elías y el Chechu (que siempre hacen lo que haga Juan de Ares) se habían levantado también y practicaban el lanzamiento de libro de texto —eso sí, con mucha peor fortuna que su héroe. A estos no les fichan ni en Barrio Sésamo—, Teresa se mosqueó, dio dos palmadas para mandarnos callar y, mirándome muy seria, me dijo:
—Miguel, cuando tú seas un escritor famoso como Juan RamónJiménez, escribes como te dé la gana. Pero hasta entonces, haces el favor de respetar las reglas de ortografía, que si no, cuando seas mayor, no te van a dar trabajo ni de barrendero municipal —y, con esa habilidad que tienen los profesores para cambiar de tema, preguntó—: por cierto, ¿alguien sabría decirme qué escribió Juan Ramón Jiménez?
—El Burro Flautista —saltó el bruto de Tomás Melón. Su apellido lo dice todo.
—No, hombre, que eso es una fábula de Iriarte —dijo Cecilia Vega, la empollona de la clase—. «Y sonó la flauta por casualidad».
Verónica la del Súper, dijo con esa vocecilla que tiene que casi no se oye:
—Escribió un cuento llamado Platero y yo. A mí me lo trajeron los Reyes este año.
—Muy bien, Verónica —dijo Teresa—. ¿Nos haces el favor de contarles a estos incultos de qué va?
La pobre Verónica se puso roja como un pimiento porque es muy tímida. La llamamos Verónica la del Súper no porque sea familia de ningún superhéroe, sino porque su padre es el dueño del supermercado SPAR que hay en la misma calle del colegio.
—Pues… va de un burro llamado Platero que es muy suave y tiene los ojos de azabache y… y…
Por las filas de atrás se oyeron algunas risillas. Hasta sonó un rebuzno made in Juan de Ares. Teresa se apresuró a preguntar:
—¿Te gustó?
Verónica se encogió de hombros.
—Psss. Traía unos dibujos muy chulos.
—Lo que yo decía. ¡Pandilla de incultos! —resopló Teresa—. Anda, poneos ahora mismo a copiar las faltas, a ver si se os meten en la mollera de una vez.
Yo me puse a lo mío. Echar, echar, echar, echar…; rompió, rompió, rompió, rompió… Pero, cuando llegué a los jenios, sabiendo lo que ya sabía y en vista de que nadie me había explicado por qué demonios genio era con g en lugar de con j, me emperré y escribí en el cuaderno:
Jenio
Jenio
Jenio
Jenio
Así hasta cincuenta veces. Y cuanto más lo escribía, mejor me sonaba.
De tanto repetir dale que dale la misma palabra con boli rojo, la cabeza se me mareaba y se me ponía tontorrona. Me parecía que, con tanto insistir, lo que estaba haciendo era llamar a los jenios con j, estuvieran donde estuviesen.
—Si vienen en un libro y, encima, de un escritor tan famoso, tiene que haber jenios con j en alguna parte —les dije a Julio y a Verónica la del Súper mientras marchábamos para casa.
—Mira que eres pesao, Miguelito —gruñó mi amigo un poco fastidiado.
—Miguelito Carapito —canturreó Alejandro, el hermano pequeño de Julio, que todos los días vuelve a casa del colegio con nosotros y todos los días, sin faltar uno, tiene que soltar la misma gracia.
Le tiré una castaña de Indias que cogí del suelo, pero Alejandro corre que se las pela y la esquivó sin ningún problema. De mayor, va a ser campeón olímpico de maratón, seguro.
—¿Qué vais a hacer este fin de semana? —nos preguntó Verónica.
—Nosotros nos vamos al pueblo —contestó Julio—. Como hay puente…
—Pues nosotros nos vamos de camping —dije yo, que por una parte estaba encantado porque me gusta mucho ir de acampada con mis padres y mi hermana Lola, pero por otra me fastidiaba un montón tener que llevarme la mochila cargada de deberes.
Eso sí, lo de los deberes se me olvidó en cuanto llegué a casa y me encontré a papá en el salón metiendo los sacos de dormir en un bolso gigantesco que llamamos el Bolso Buque.
—¿Y mamá? —le pregunté después de darle dos besos, porque era hora de merendar y quería que ella me hiciera un superbocata de los suyos.
—Preparando la comida y la ropa. Ya sabes que hay que dejarlo todo listo esta noche para poder salir mañana en cuanto os recojamos en el colegio.
Yo sonreí. En un rincón estaban los bultos verdes y naranjas de las dos tiendas con aquel olor a lona tan especial: olor a vacaciones y a aventuras.
Aquello hizo que empezaran a bailarme las cosquillas dentro del estómago, igual que en la noche de Reyes… Pero eso no iba a impedir que me zampara un bocadillo de Nocilla de tres pisos.
Después de merendar, mi padre me encargó que fuera al garaje y limpiara el lumigás, que estaba lleno de polvo desde la última vez que lo usamos. Para quien nunca haya ido de acampada, un lumigás es un farol que se conecta a una bombona de butano de esas pequeñas de color azul, se prende con una cerilla y sirve para alumbrar por la noche —ya que en el camping al que íbamos no había luz para las tiendas.
¡Qué fácil es obedecer, incluso aunque a uno le manden limpiar algo, cuando es para ir de vacaciones! Así que, sin que papá tuviera que repetírmelo, cogí un trapo y me puse manos a la obra. Estaba yo ahí, frota que te frota, cuando el lumigás se encendió solo con un siseo.
—¡Sopla! —exclamé tirando el cacharro tan lejos como pude. ¡Menudo susto me había llevado!
Pero entonces el lumigás empezó a echar humo. ¡Pues sí que tenía polvo aquel chisme!
El humo se espesó cada vez más hasta tomar la forma de un tipo fuertote y musculoso, como Schwarzenegger cuando hacía de Conan el Bárbaro, pero con una cabecita pequeñaja, orejas trompeteras (en una de las cuales llevaba un aro como si fuera un pirata), brillantes ojos negros y un pañuelo rojo de lunares anudado en la nuca.
—Saludos, mi amo. Soy Blastóporo, el jenio del lumigás, pero si quieres puedes llamarme Blas, que es más corto. Aquí estoy porque me has llamado —dijo el tío, cruzando los brazos, tan campante.
—¿Que yo te he llamado? ¿Cómo?
—Frotando el lumigás, naturalmente.
—Hombre, yo había oído hablar del genio de la lámpara, pero esto…
—contesté. Estaba tan alucinado que no sabía qué decir.
—¡Bah! Tú te refieres a esos estirados, los genios de primera clase como Aladino y compañía, ¿no? Pues de eso nada, monada; yo pertenezco al gremio de los jenios con j, y a mucha honra.
—¡¿Pero existís de verdad?!
—Pues claro, lo que pasa es que, como no estamos muy solicitados, no tenemos dinero para pagar el alquiler de una lámpara o de una alfombra decentes, así que vivimos donde podemos. Esta mañana, cuando tú me consagraste a tu servicio escribiendo cincuenta veces el nombre de mi especie, según reza una de las Leyes No Escritas, busqué un lugar donde estar cerca de ti, y este farol de gas fue lo mejor que encontré.
No me lo podía creer: no sólo tenía un jenio —un jenio con j— para mí solito, sino que además yo y Juan Ramón Jiménez teníamos razón y el resto del mundo estaba equivocado.
¡Era jenial!
Me parece que mi siguiente pregunta resultaba lógica:
—¿Los jenios con j podéis conceder deseos?
—¡La duda ofende, mi amo! —contestó con los brazos en jarras. Tenía unos bíceps como jamones serranos de grandes.
—¿Cuántos deseos tengo? ¿Tres? —quise saber.
—Los que tú quieras o, para decirlo con la fórmula oficial, «cuantos desees, dado que los deseos son infinitos». Hasta que me despidas o sea liberado.
—Vale —comenté yo queriendo atar todos los cabos—, cuando te necesite no tengo más que frotar el lumigás. Pero… ¿y si quiero que desaparezcas?
—Te basta con decir cortablásquenomevás, y me desvaneceré de tu vista.
Me pareció que ya no quedaba nada más por preguntarle y que lo que debía hacer era pasar a la acción. Total, ¿qué podía perder?
—Bueno, pues quiero… —pensé un momento. La idea me vino como un flash— ¡Que no exista la escuela!
—Hágase y sea —replicó el jenio con esa voz tan seria que ponen los magos cuando anuncian que van a realizar el truco más difícil del mundo, nunca antes visto por ojos humanos.
En aquel momento, me llegó un grito de mi hermana desde la cocina:
—¡Miguel, teléfono!
Así que solté a toda prisa al jenio un cortablasquenomevás y corrí a coger la llamada. Era Julio, para recordarme que esa noche ponían dos capítulos seguidos de Los Simpson y que no me los perdiera.
Me pasé media noche dando vueltas en la cama, preguntándome si se haría realidad mi deseo.
Pero a la mañana siguiente el despertador sonó a las ocho en punto como todos los días.
—¡Hala, venga, que vais a llegar tarde a clase! —se oía la voz de mamá, arreándonos como de costumbre.
¡Vaya una birria de genio que estaba hecho ese Blas, que ni siquiera había sido capaz de satisfacer un deseo tan sencillo!
Eso pensaba yo, pero, cuando llegamos a la puerta del colegio, no tuve más remedio que cambiar de idea.
¡El colegio había desaparecido!
En el sitio que antes ocupaban el edificio, el patio y el campo de baloncesto ahora no había más que un solar lleno de hierbajos. Todos, incluida la señorita Teresa, nos sentamos encima de unas cajas de cerveza y unos cajones de fruta y allí dimos la clase, con las mochilas en el suelo y las carpetas apoyadas en las rodillas. ¡Qué incómodo, madre! Además aquella mañana soplaba un viento fuerte que se nos llevaba los folios volando como si fueran grajos. Tuvimos que estar todo el rato con la cazadora puesta y Mari Carmen Valcárcel, que es muy friolera, se encasquetó el gorro y la bufanda.
La gente que pasaba por la calle —señoras que iban a la compra, abuelos camino del parque, jardineros, albañiles— se nos quedaba mirando con cara de pasmaos. Algunos viejos que no tenían nada mejor que hacer hasta se dieron el gustazo de criticarnos con el mayor descaro.
—Mira, mira ése. Qué cara tiene de alelao.
—Debe de ser el tonto de la clase.
—Pero la maestra no está nada mal.
A Teresa, que lo había oído perfectamente, se le subieron los colores.
—¡Joé, parecemos los monos del Zoo! —se quejó Jorge Dos (le llamamos así para distinguirlo de Jorge Uno, claro). Por una vez todos estuvimos de acuerdo con él.
Volví a casa más que harto. Me faltó el tiempo para correr al garaje y frotar el lumigás.
—Blas, hijo, te has pasao siete pueblos con sus siete ayuntamientos —le espeté al jenio en cuanto asomó por el borde de la pantalla su jeta de humo, bastante fea, por cierto.
—¿Por...? —preguntó él con cara de tonto.
—¿Cómo que «por...»? ¡Serás burro! Yo lo que quería era no tener que ir a clase nunca más.
Al jenio pareció que se le despejaba el cerebro.
—No te sulfures, mi amo. Tú dijiste: «Que no exista la escuela», y yo entendí…
—¡Yo entendí! ¡Yo entendí!... Tú no entiendes un pimiento.
—Hombre, mi amo, si no me dices las cosas claras, yo...
Estaba por sacudirle dos tortas, pero se impuso mi sentido común:
—Ya lo estás arreglando ahora mismo. Quiero que todo vuelva a ser como estaba antes de que yo formulara mi primer deseo, ¿entendidooooo? —grité amenazándole con el puño.
—Ya lo he pillado: un conjuro déjalotodocomoestaba de los de toda la vida.
—Eso mismo. Ah, y, por favor, haz que nadie recuerde nada de esta mañana, no sea que se nos presenten aquí los tíos de los Expedientes X y la liemos. Y a ver si esta vez no metes la pata.
—Hágase y sea.
Por la tarde —¡qué alivio!—, el colegio, al que nosotros llamamos cariñosamente La Cárcel, había vuelto a su estado normal. Era tan horroroso como siempre, pero al menos se trataba de un sitio caliente donde estar, con mesas y sillas y pizarras de verdad y sin viento. Para mis adentros, di gracias por aquellas paredes que nos ocultaban de la vista de los que andaban por la calle.
A la salida de clase, papá y mamá me esperaban como a los ladrones de bancos: con el coche en la puerta y el motor en marcha. Pasamos a buscar a Lola al Instituto y nos fuimos derechitos al camping. Allí pasamos tres días estupendos jugando al fútbol, bañándonos en el río, comiendo salchichas y explorando un poco por ahí… aunque yo no las tenía todas conmigo. Cada vez que veía a mamá encender el lumigás, me daba un poco de «yuyu».
¿Me atrevería alguna vez a pedirle otro deseo a mi jenio particular, después de la que había liado? Pero el caso es que tampoco quería despedirle. Sólo un tonto renunciaría, así, sin más, a un servidor capaz de concederle lo que le pidiera.
Sin embargo, la oportunidad se presentó mucho antes de lo que yo esperaba. Había pasado ya más de una semana desde el día de la desaparición del colegio, aunque sólo yo lo recordara. Estábamos viendo un programa de la tele (bueno, papá lo estaba viendo. Lola y yo andábamos haciendo el mono hasta que empezara la película que venía detrás de ese rollo), cuando me llamó
la atención un niño que salía en la pantalla. Tendría más o menos mi edad.
Pero en lugar de ir al colegio o al parque con sus padres, estaba trabajando, partiendo piedras con un pico que casi no podía levantar porque era tan grande como él. El locutor explicó que era un niño esclavo que trabajaba a las órdenes de los buscadores de oro y piedras preciosas. Dijeron que había cientos como él. En aquel momento, se me quitaron las ganas de ver La Guerra de las Galaxias.
Me faltó el tiempo para correr al garaje, frotar el lumigás y pedirle a Blas que liberara a ese niño del trabajo en la mina.
—No metas la pata, te lo pido por lo que más quieras, que esta vez es muy pero que muy importante —le supliqué. No me puse de rodillas de milagro.
—Vale, tendré cuidado. Hágase y sea.
—Gracias. Hasta mañana. Cortablasquenomevás.
A la mañana siguiente… ¡Oh, maravilla! La puerta se abrió en mitad de la clase de matemáticas y por ella entró la directora, trayendo de la mano al niño de la tele, que lo miraba todo con unos ojos enormes.
—Buenos días, chicos —dijo—. Os presento a Fabio, un compañero que viene del Brasil y va a estudiar este curso con nosotros.
Si alguna vez había tenido ganas de estrangular a mi jenio, ahora pensaba que era el ser más extraordinario y maravilloso que existía en el mundo. Fabio se sentó a mi izquierda, y en el recreo estuvo con nosotros, es decir, con Julio, Antón, Verónica, David, Jorge Dos y conmigo. Enseguida descubrimos que iba a ser un compañero estupendo: jugaba al fútbol fenomenal y, aunque nos costaba un poco entender lo que decía porque todavía no hablaba bien el castellano, con un poco de esfuerzo podíamos comprenderlo casi todo, y además su acento sonaba muy divertido. Al final del recreo, yo ya estaba seguro de que llegaríamos a ser buenos amigos.
Pero esa noche, solo en mi habitación, se me ocurrió que Blas también era un esclavo igual que Fabio. Tenía que devolverle la libertad.
A la mañana siguiente me levanté muy temprano, antes de que sonara el despertador, llamé al jenio y le dije:
—Blas, desde este mismo momento quedas despedido.
El pobre se echó a llorar a lágrima viva.
—¡Ay, no, mi amo! ¿Qué te he hecho yo para que me trates así? —gritó tirándose de los pelos del bigote.
—¿Pero estás tonto o qué? —me enfadé yo—. Te estoy diciendo que puedes ir adonde quieras y hacer lo que te dé la gana. ¿No entiendes que ya no tendrás que servirme?
—No, mi amo, el que no entiende nada eres tú. Si tú me despides, tendré que buscarme otro sitio donde vivir y otro amo a quien servir, y posiblemente no será tan bueno ni me hará trabajar tan poco como tú. Te lo ruego, amo, no me apartes de tu lado —y el tío se inclinó en una reverencia
hasta tocar el suelo con la coronilla. Menos mal que era de humo y no tenía ningún problema para doblarse, no como Julio en clase de gimnasia, que como está un poco gordo es un «manta».
—Pero tú dijiste que cumplirías mis deseos hasta que yo te liberara —recordé. Blas asintió—. ¿Qué tengo que hacer para liberarte?
—Ni idea. Es una de las Leyes No Escritas.
—¿Y qué dicen esas leyes?
—¡Yo qué sé! ¿No te he dicho que no están escritas? ¿Cómo voy a saber lo que dicen? Eso sólo se sabe cuando alguien cumple una ley o la infringe.
—¡Pues qué rollo! Nosotros tenemos la Constitución, el Código Penal, las demás leyes… ¡Y todo el mundo las puede leer! No hay más que ir a la biblioteca.
—Pero es que el mundo de los jenios no se rige por los mismos principios que el de los humanos.
—Entonces, ¿no puedo hacer nada?
—Sólo seguir como hasta ahora y esperar. A lo mejor das con la solución de pura «berza» —con lo de «berza», Blas quería decir «suerte».
—A lo mejor… —gruñí. No estaba nada convencido.
Pero, ¡claro! ¡Qué tonto era! Todavía me quedaban deseos, recordé de repente, dándome un capón por borrico.
—Deseo que hoy mismo se me ocurra la manera de liberarte —pedí.
—Hágase y sea —respondió el jenio. Yo me marché a lavarme y a desayunar y luego a clase. Nada más llegar, a primera hora, a Teresa no se le ocurrió otra faena que pedirnos los cuadernos. Al ver el mío, se le resbalaron las gafas del susto.
—Pero, Miguel, ¿se puede saber qué es «esto»?
—Pues... —la fila de jenios con jota me señalaba como único culpable y parecía gritar en rojo a los cuatro vientos: «HAS SIDO TÚ».
—Ya lo estás escribiendo bien ahora mismo, pues no faltaba más —exigió la profesora con una cara de perro que no admitía réplicas.
Genio
Genio
Genio
Genio
Escribí hasta llegar a cincuenta veces. Y según escribía empezaron a retumbarme dentro del coco las palabras de Blas: «Cuando tú me consagraste a tu servicio escribiendo cincuenta veces el nombre de mi especie...»
A lo mejor, escribiendo la palabra bien...
Pero al volver a casa el jenio seguía dentro del lumigás.
—¿Qué pasa con mi deseo? —le pregunté en cuanto asomó la cabeza.
—Paciencia, mi amo —fue todo lo que dijo—. Es la cosa más embrolladamente complicada que me han mandado hacer en toda mi carrera.
Voy a activarte un poco el cerebro, a ver si se te ocurre algo —añadió chasqueando los dedos.
Entonces tuve una idea genial, de esas que en los tebeos hacen que se le encienda a uno una bombilla encima de la cabeza.
Sin despedirme siquiera de Blas, corrí a mi habitación, cogí el cuaderno de Lengua y el boli rojo y escribí lo siguiente:
oineJ
oineJ
oineJ
oineJ
Así hasta cincuenta veces.
Cuando volví al garaje, el jenio se me echó encima y me pegó un abrazo de oso polar:
—¡Albricias, Miguel! ¡Al fin soy libre! —gritó mientras me estrujaba entusiasmado—. ¿Cómo lo has hecho, oh, mago entre los magos?
—Bueno, pensé que si una palabra te había traído aquí, a lo mejor al escribirla al revés te mandaba de vuelta a tu mundo.
—Pues eres en verdad un chico listo, digan lo que digan tus maestros —se rascó los lunares del pañuelo y agregó—. ¿Sabes? Por lo bueno que has sido conmigo, antes de marcharme te voy a conceder un deseo de propina.
Piensa muy requetebién lo que vas a pedir porque éste será el último.
La verdad es que ya lo tenía pensado.
—Quiero que liberes a los otros niños esclavos, los compañeros de Fabio.
—Hágase y sea —exclamó Blas abriendo de par en par sus brazos enormes. Luego su forma se fue desvaneciendo hasta convertirse en una nube de humo gris que se alejó volando sobre los tejados de la ciudad.
Desde entonces he aprendido algo más sobre las Leyes No Escritas: que no funcionan siempre igual. ¿Que cómo lo sé? Porque nada más marcharse el jenio se me ocurrieron miles y miles de deseos: que papá no tuviera que trabajar; un monopatín con radio incorporada; que el alcalde
hiciera un parque en el viejo solar del Matadero... Sin embargo, por mucho que escribí jenio con jota todas las veces que me dio la gana, nunca volví a tener un jenio a mi servicio.
Aunque a veces, recordando lo del día en que la escuela no existió, casi me quedo más tranquilo...
© Isabel Redondo

jueves, 25 de junio de 2009

Lectura de: "El tiburón azul" de Pablo

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.
Cuento: "El tiburón azul"
Autor: Pablo
Curso: Primaria del CP La Florida de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Había una vez un niño llamado Lolo, era muy bueno y quería mucho a los animales. Su papá era pescador.
Un día en las redes cayó un pequeño tiburón azul y el niño lo arrojó de nuevo al mar. Pasó el tiempo, cuando Lolo era un jovencito y ayudaba a su papá a pescar, cayó de la lancha en una zona de tiburones. Cuando iba a morir, un gran tiburón azul lo salvó, llevándolo a la orilla. Era el mismo tiburoncito que salvó. Se hicieron amigos y lo llamó Salvador.
Fin
© Pablo - CP La Florida

lunes, 22 de junio de 2009

Lectura de: "El portal mágico" de José Ignacio Valverde

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.

Cuento: "El portal mágico"
Autor: José Ignacio Valverde
Curso: 2º Primaria C del Colegio Inmaculada - Jesuitas de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Pablo, como cada mañana, se encontraba en el colegio. Estaba en el patio, sintió ganas de hacer pipi, se acercó a los baños y cuando estaba allí, de repente vio una puerta de la cual salía una luz muy brillante. Quedó muy sorprendido y salió corriendo a contárselo a sus amigos.
Allí estaban todos mirando la puerta resplandeciente: Pablo, Isabel, Rafa y Miguel.

Ninguno se atrevía a pasar, estaban muertos de miedo. Finalmente, Pablo pensó que él la había encontrado y él debía pasar primero. Abrió la puerta y su corazón no paraba de latir. Delante de sus ojos había un maravilloso mundo de dinosaurios. Todos querían ver lo que Pablo veía, por lo que le empujaron y al final todos entraron.
Estaban todos maravillados, no podían creer lo que veían sus ojos ¡Dinosaurios!
Los había de todas las clases y tamaños, de todas las formas y colores. Eran muy diferentes a los animales que habían visitado en el zoo cuando habían ido con el cole.
Estuvieron toda la mañana viendo lo increíble que era y admirando a aquellos bellísimos animales.
Isabel le dijo a los demás que por qué no volvían y le contaban al resto de la clase y al profesor lo que había detrás del portal mágico. Todos estuvieron de acuerdo, así que volvieron al cole entusiasmados.
Cuando llegaron a clase y contaron lo que habían visto, nadie se lo creía.
De repente, Pablo escuchó la voz de sus madre que decía:
- ¡Levanta Pablo que hoy hay cole!


© José Ignacio Valverde

jueves, 18 de junio de 2009

Lectura de: "Las cosquillas" de María Moya

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.
Poema: "Las cosquillas"
Autor: María Moya
Curso: 1º Primaria A del CEIP La Florida de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Tumbada bajo una sombrilla
se acercó una mariposilla
y aleteó en mi naricilla
¡Uy que cosquillas!
© María Moya

miércoles, 17 de junio de 2009

Libros recomendados para el Verano 2009


LIBROS PARA EL VERANO 2009

De 0 a 5 años:

  • Coco y la Luna de Emilio Uberuaga. Kokinos
  • ¿Entonces? de Kitty Crowther. Corimbo
  • La Ola de Suzy Lee. Bárbara Fiore
  • Rita y Morro de Jean Philippe Arrou. RBA/Serres
  • Mi abuelo Simón lo sabe de Nieves Pérez Rivero. Anaya
  • No es una caja de Antoinette Portis. Faktoría K de libros
  • Titiresa de Serrado Quintiá. QQQ
  • Tener un patio es útil de Isol. Fondo Cultura econ.

De 6 a 8 años:

  • Discurso del oso de Julio Cortázar. Libros Zorro Rojo
  • El sueño de Pablo de Antonio Ventura. Los cuatro azules
  • La historia de la manzana roja de Jan Loof. Kalandraka
  • La pastelería de doña Remedios de Agustín Fernández. Edebé
  • Adiós Jonás de Juan Cruz Igerabide. Aizcorri
  • Carlota y Miniatura de Pierre Le Gal. Edelvives
  • Rita y el pájaro de plata de Mikel Valverde. Macmillan
  • Quiquiricosas de Juan Clemente. Diálogo

De 8 a 10 años:

  • El contador de cuentos de Saki-Alba Marina. Ekaré
  • El libro del cohete de Peter Newell. Thule
  • Santiago de Federico García Lorca. Libros Zorro Rojo
  • Por un botón de Carles Cano. La Galera
  • El misterio de los huevos de oro de Luisa Villar. Macmillan
  • Despertar una silla dormida de Pablo Pretifilippo. Factoría K de libros

De 10 A 12 años:

  • Barro de Medellín de Alfredo Gómez Cerdá. Edelvives
  • El pequeño señor Paul de Martín Baltscheit. Anaya
  • ¡No es tan fácil ser niño! de Pilar Lozano. Edebé
  • El cartero de Bagdad de Marcos S. Valveiro. Edelvives
  • Ottoline y la gata amarilla de Chris Riddell. Edelvives
  • Sopa de cola de lagartija de Marta Gené Camps. Edebé
  • Porque eres mi amiga de Ana Pomares. ECU

De 12 a 14 años:

  • Las hermanas Penderwick de Jeanne Birdsall. Salamandra
  • Aventuras de dos gemelos diferentes de Tonke Dragt. Siruela
  • El secreto de If de Ana Alonso. SM
  • A lo lejos Menkaura de Elena O'Callaghan. Edelvives
  • La emperatriz de los Etereos de Laura Gallego. Alfaguara
  • Porque eres mi amiga de Ana Pomares. ECU

Más de 14 años:

  • Lo único que queda es el amor de Agustín Fernández. Anaya
  • Desencuentros de Jimmy Liao. Barbara Fiore
  • El juramento de la Centenera de Lidia Carreras. Edelvives
  • Huida al sur de Juan Madrid. Edebé
  • Las hijas de las Tormentas de Jordi Sierra i Fabra. Edebé
  • Zara y el librero de Bagdad de Fernando Marías. SM

Recomendado a padres y profesores:

  • La lectura y la vida de Emili Teixidor. Editorial Ariel

Si queréis consultar los libros recomendados para este Verano 2009 por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez podéis hacerlo desde este enlace:

Suplemento La Tiza 17 de junio de 2009



Suplemento escolar La Tiza del miércoles 17 de junio de 2009, editado por el Diario Información de Alicante. Esta semana podemos leer los siguientes artículos:

  • Hogueras: Punto y final. La Tiza se despide hasta el curso que viene.
  • La Tiza de la participación. Tablón de la creación escolar, con los dibujos y actividades de los escolares.
  • La Tiza de la lectura. Jóvenes Escritores: Esta semana el Grupo Leo propone la lectura de dos poemas de alumnos del Colegio Don Bosco - Salesianos de Alicante. Lista de libros recomendados para el verano.
  • La Tiza del aula y las nuevas tecnologías. Propuestas didácticas: conciencia Ambiental. Campaña de educación vial para que los menores conozcan y respeten las normas de circulación. Programa informático.

Si quieres leer La Tiza cada semana a través de Internet puedes acceder de la siguiente manera:

  • Entra en la web del Diario Información: http://www.diarioinformacion.com/
  • Pulsa en sección "Multimedia"
  • Pulsa sobre "Suplementos"
  • Por último pulsa en "Miércoles: suplemento latiza"
  • Sólo está activo el suplemento de la semana en curso. Para leer el archivo pdf necesitas tener instalado en el ordenador el programa Adobe Reader.

lunes, 15 de junio de 2009

Lectura de: "El pirata Pata Tenedor" de Eva

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.
Cuento: "Cuenta cuentos presenta: El pirata Pata Tenedor"
Autor: Eva
Curso: 2º Primaria B del CEIP L'Horta de San Vicente del Raspeig
© La Autora. Todos los derechos reservados
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Había una vez un pirata que le encantaban los espaguetis a la carbonara.

Quería comer muchos espaguetis juntos y como tenía una pata de palo ¡tuvo una idea! Pensó cambiar su pata de palo, por un tenedor.

Entonces le dijo a su cocinero:

- ¡Prepárame el plato más grande de espaguetis del mundo!

El pirata Pata Tenedor se puso a comer como un tragón.

Tanto y tanto comió el pirata Pata Tenedor

¡Al final Explotó!

© Eva - CEIP L'Horta San Vicente del Raspeig

viernes, 12 de junio de 2009

Cuentos del murciélago goloso. La Plaza del Ladrillo

Diseño de la cubierta: Santiago Gallego

Cuentos del murciélago goloso
© Autores LIJeros

Índice de cuentos y autores:

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La Plaza del Ladrillo
por María Sierra Varo


Autora de las ilustraciones: María Sierra Varo

La Plaza del Ladrillo era una plaza antigua y pequeña. Tenía un jardín, una fuente y una única farola a la que todos llamaban Manola. No se sabe quién le puso ese nombre, pues era tan vieja que tenía más años que todas las abuelas del barrio juntas. Los niños jugaban allí y los abuelos tomaban el sol.
En las noches de verano, la gente se sentaba junto a la fuente para tomar el fresco. Y Manola alumbraba lo mejor que sabía, siempre llena de polillas y de mosquitos que acudían a ella como si estuvieran hipnotizados.
Cuentan que Manola fue la primera farola que pusieron en el barrio. Primero era de gas, y más tarde la adaptaron para que funcionase con electricidad. Estaba muy estropeada, algo oxidada debido a la lluvia y a las meadas del perro de don Agustín. Pero a ella no le importaba, ya habían
pasado a lo largo de su vida muchos perros como el de don Agustín.
Las casas de la plaza eran bajas, con patios soleados, llenos de flores. Los vecinos estaban muy orgullosos de ellos. Pero ocurrió que empezaron a construir alrededor un montón de edificios nuevos, gigantes de quince o más plantas. Pronto quedaron rodeados de grandes moles de ladrillo, en los que sus habitantes ni siquiera se conocían. La plaza se quedó sin sol. Pasó a estar
desierta la mayor parte del tiempo.
Ahora, los niños preferían ir a jugar al parque que habían construido en los bloques nuevos. Los abuelos pasaban casi todo el día en un centro de la tercera edad que había hecho el ayuntamiento. Manola se puso tan triste que un día decidió marcharse. Cuando todos dormían, incluso los pajarillos de la plaza, Manola se fue a otra calle.
Pero tampoco allí se sintió feliz. Las otras farolas, más modernas y esbeltas, se reían de ella. Así fue dando tumbos, de un lugar a otro, sin encontrar nunca un sitio donde establecerse. Los vecinos de la plaza iban todos los días a buscarla y trataban de convencerla para que volviera de nuevo a su antiguo lugar.
Una noche de tormenta y mucho, mucho viento, Manola fue a estrellarse contra un contenedor de basura. Se le rompió la bombilla.
Desanimada del todo, abandonó las calles. Acabó por saltar la valla de un solar lleno de chatarras, donde se acomodó en un rincón. Allí, sin luz y pesarosa, se mantuvo escondida mucho tiempo.
Mientras, a la Plaza del Ladrillo la habían declarado monumento artístico por ser una plaza antigua, bonita y tranquila. Durante el día, paseaba por ella mucha gente, pero por la noche se quedaba totalmente a oscuras. El ayuntamiento quiso poner nuevas farolas, pero los vecinos se negaban:
Querían que la plaza estuviera iluminada por Manola, como había sido siempre. Pero por más que la buscaron, la farola no aparecía por ninguna parte.
El barrio no paraba de crecer. Todos los terrenos vacíos se usaban para construir más y más bloques. Le llegó el turno al lugar donde Manola se escondía. Una mañana, muy temprano, se oyó el estruendo de una excavadora que irrumpía en el solar para sacar toda la chatarra acumulada. Esa misma chatarra se cargaba luego en un camión y se llevaba lejos para reciclar.
Don Agustín, que era muy madrugador, paseaba con su perro cuando vio cómo Manola era arrastrada hacia el camión. Corrió a avisar a los vecinos, y entre unos cuantos la rescataron y se la llevaron de nuevo a la plaza. Una vez allí, le quitaron las abolladuras, la pintaron y le pusieron cristales nuevos, además de una bombilla de bajo consumo que daba una luz muy brillante.
Y todo volvió a ser como antes. También por las noches, sobre todo en verano, la gente paseaba por la plaza. Montaron también una caseta para actuaciones musicales. Y en una de las casas, abrieron una heladería con los helados más ricos del mundo.
Manola se sentía muy feliz.

© María Sierra Varo

jueves, 11 de junio de 2009

Lectura de: "La planta estranya". Colectivo

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.
Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.

Cuento: "La planta estranya"
Autor: Colectivo
Curso: 2º Primaria B del Colegio Joaquín Sorolla de Alicante
© El autor. Todos los derechos reservados
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Una nit molt fosca, en un jardí molt bonic prop d'un parc, va nàixer una planta molt estranya. Era molt gran i tenia dos grans pètals de color roig i blau. De tant en tant, algun xiquet o xiqueta que anava a eixe parc desapareixia.

La gent del barri estava molt preocupada i va cridar a la policia.
Pasaven dies i dies però continuaven desapareixent el xiquets, fins que ja no quedaven ningú.
La policia va preparar un engany. Algunes persones es van disfressar de xiquets i xiquetes mentres la policia vigilava.

Com que a la planta li agradava la gent que jugava, se'ls va menjar a tots i els va enviar al país del jocs. Hi estàvem tots els xiquets i xiquetes desapareguts. Hi estaven tots els xiquets i xiquetes desapareguts.

La policia va ficar una escala, molt llarga, per la boca de a planta per a que tots pujaren i pogueren estar lliures.

La gent no volia matar a la planta perquè ella només volia jugar.
Aleshores van plantar-la en un test amb rodes per a poder anar d'un costat a l'altre i jugar amb els xiquets.
D'esta manera tots estaven contents i...

...historia contada, historia acabada

© CP Joaquín Sorolla de Alicante

miércoles, 10 de junio de 2009

Suplemento La Tiza 10 de junio de 2009

Suplemento escolar La Tiza del miércoles 10 de junio de 2009, editado por el Diario Información de Alicante. Esta semana podemos leer los siguientes artículos:
  • Cantera de escritores. Entrega de premios del XIV Concurso Literario Grupo Leo - Editorial Aguaclara en el Club Información.
  • La Tiza de la participación. Tablón de la creación escolar, con los dibujos y actividades de los escolares.
  • La Tiza de la lectura. Esta semana el Grupo Leo propone el libro "El barón de Munchausen". Autor: Rudolf Erich Raspe. Editorial: Anaya Infantil y Juvenil.

  • La Tiza de las Publicaciones y del Medio Ambiente: Literatura infantil. Animación a la lectura. La era de los dinosaurios. Ecorreporteros.

Si quieres leer La Tiza cada semana a través de Internet puedes acceder de la siguiente manera:

  • Entra en la web del Diario Información: http://www.diarioinformacion.com/
  • Pulsa en sección "Multimedia".
  • Pulsa sobre "Suplementos".
  • Por último pulsa en: "Miércoles: Suplemento latiza".
  • Sólo está activo el suplemento de la semana en curso. Para leer el archivo pdf necesitas tener instalado en el ordenador el programa Adobe Reader.

lunes, 8 de junio de 2009

Lectura de: "La ratita que quería ser rica" de Mercedes Iborra

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.

Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.

Cuento: "La ratita que quería ser rica"
Autor: Mercedes Iborra
Curso: 2º Primaria C del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Había una vez una ratita que quería ser rica y se pasaba todas las noches pidiendo dinero a su amigo el perro, un rico marqués. A ella le gustaba comprarse muchos vestidos y joyas y quería comprarse un castillo con muchos criados.

Un día se fue a una fiesta que celebraba el perro en su castillo. Había mucha comida y la ratita empezó a comer y beber, comer y beber, comer y beber y entonces se puso malita.

Tenía en la habitación muchos amigos que se preocupaban por ella y querían ayudarle, por eso estaba feliz y muy agradecida. Le dieron un jarabe de hierbas y al rato se curó.

Entonces se dio cuenta que ya era rica, no tenía dinero, pero estaba buena y tenía muchos amigos, y eso le ponía muy feliz.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.

© Mercedes Iborra

Convocatoria de reunión del Grupo Leo de Alicante 11 de junio de 2009

Convocatoria de reunión del Grupo Leo de Alicante:

  • Día: Jueves, 11 de junio de 2009
  • Hora: 17,30 horas.
  • Lugar: CEIP Benalúa. Calle Alona, 38. 03007 Alicante.
  • Temas a tratar:
    - Memoria del Curso 2008-2009
    - Propuestas para el siguiente Curso Escolar

EL COORDINADOR

Diego Gila Haro

viernes, 5 de junio de 2009

Lectura de: "Dos pájaros muy despistados" de Leire Espinosa Gila

Lectura de obras finalistas, no premiadas, en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Agua Clara 2009.

Índice de todos los cuentos y poemas finalistas.

Cuento: "Dos pájaros muy despistados"
Autor: Leire Espinosa Gila

Curso: 2º Primaria C del Colegio San Agustín de Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Pin y Pon eran dos hermanos periquitos. Vivían con sus padres en una jaula verde preciosa en casa de Leire y Claudia. Estaban muy contentos. No paraban de graznar. Leire y Claudia estaban preparando el árbol de Navidad para que Papa Noel les dejase regalos. Pin y Pon iban a tener regalos. Leire y Claudia les habían pedido unos columpios para su jaula. Pipi Noel, el pájaro que acompaña en el trineo a Papa Noel, había estado controlando su comportamiento todo el año.

Esa noche le dejaron agua y una barrita de cereales con miel para que Pipi Noel tuviese algo de comer. Es que ellos no tienen zapatos... Pero ¡qué chasco! ¿Se había olvidado de ellos Pipi Noel? ¿Tan mal se habían portado? Por la mañana no tenían ni un solo regalo. Leire y Claudia se levantaron y tampoco tenían regalos pero ellas no estaban tristes. Era 24 de diciembre y por la noche tenían que dejar su calcetín a Papa Noel. Entonces Pin y Pon se dieron cuenta de lo tontos que eran ¡se habían equivocado de día!

Esa noche Pipi Noel les dejó un calendario de regalo para que no volvieran a meter la patita y por supuesto los dos columpios que tanto querían. El ser unos buenos periquitos tuvo su recompensa.

© Leire Espinosa Gila

Entrega Premios XIV Concurso Literario Grupo Leo. Tercer Ciclo de Primaria y ESO

Viernes, 5 de junio de 2009

Entrega de premios del "XIV Concurso Literario Grupo Leo - Editorial Aguaclara" a los alumnos de Tercer Ciclo de Primaria y ESO (ver lista completa de premiados) en el Club Información de Alicante. En esta ocasión el salón de actos ha albergado unos 200 asistentes entre alumnos, maestros y familiares. Ha presidido la mesa la Directora Territorial de Cultura, Concepción Sirvent, y la escritora Ana Pomares, acompañados de miembros del Grupo Leo y profesores de centros educativos alicantinos.

Ha abierto el acto el Coordinador del Grupo Leo, Diego Gila Haro, que ha hecho referencia a la necesidad de leer por placer para conseguir ser más libres. Seguidamente ha comenzado la entrega de premios a los alumnos ganadores del concurso y la lectura de sus trabajos (ver programa de actos). Para finalizar, alumnos del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante, dirigidos por Pedro Fernández, han escenificado la novela infantil "Porque eres mi amiga" de Ana Pomares. Como colofón, el cantante rumano Marius ha interpretado una canción de su país, Rumanía.


Todos los alumnos asistentes han recibido gratuitamente el libro "Leo Leo, que me animo a leer", donde se recogen todos los cuentos y poemas premiados.

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Un curso más, gracias a Todos. Con los actos emocionantes del reparto de premios del XIV concurso literario damos por cerradas las actividades del presente curso 2008-2009. No obstante, en este blog podéis seguir las últimas noticias y la lectura de los cuentos preseleccionados. El Grupo Leo se anima al comprobar que aquello por lo que trabajamos desde hace ya 24 años sigue teniendo sentido y continuidad. Personalmente he podido comprobar cómo en los días 4 y 5 de junio, en el salón del Club Información, se respiraba un aire renovado de ilusión, imaginación creativa y del placer por la lectura. Es de justicia destacar las excelentes representaciones escénica del alumnado de 6º de primaria del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante, que dirigidos por su profesor y componente de este Grupo, D. Pedro Fernández, escenificaron dos libros en presencia de sus respectivos autores: "Quiquiricosas" de Juan Clemente y "Porque eres mi amiga" de Ana Pomares. Aprovecho esta líneas para expresar, como Coordinador Del Grupo Leo, nuestra gratitud a todos los que ayudan a que se mantega encendida la llama de este fuego. Por ello agradecemos:

  • Al Profesorado y Centros involucrados en nuestras actividades y que estimulan al alumnado en sus aulas.
  • Al Club Información y Diario Información por su apoyo.
  • Al Área de Cultura de la Diputación Provincial.
  • A la Dirección General del Libro de la Consellería de Cultura.
  • A la Directora Territorial de Cultura de Alicante.
  • A la Cocejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alicante.
  • A las editoriales: Aguaclara, Anaya, Algar, Alfaguara-Santillana, Bromera, Diálogo, Edebé, Edelvives, Kalandraka y Librería 80 mundos.

A todos nuestra gratitud por apoyar nuestra labor. Somos conscientes de que por la lectura se consigue en los jóvenes el crecimiento armónico en todos los aspectos del desarrollo personal. Que leyendo la persona adquiere objetividad y juicio crítico llegando así a conseguir su libertad y consolidar en su conducta unos valores éticos. Seguiremos contando con vuestro apoyo. Gracias.

DIEGO GILA HARO. COORDINADOR DEL GRUPO LEO

Prensa:

jueves, 4 de junio de 2009

Entrega Premios XIV Concurso Literario Grupo Leo. Infantil, Primer y Segundo Ciclo de Primaria

Jueves, 4 de julio de 2009
Esta tarde, en el Club Información de Alicante, ha tenido lugar la entrega de premios del XIV Concurso Literario Grupo Leo - Editorial Aguaclara a los alumnos de Infantil, Primer y segundo Ciclo de Primaria (ver lista completa de premiados).
Como es costumbre el salón de actos ha estado lleno con más de 300 asistentes entre alumnos, maestros y familiares. En esta ocasión ha presidido la mesa el escritor Juan Clemente. Tras el discurso inicial, a cargo del Coordinador del Grupo Leo Diego Gila Haro, los alumnos han recibido sus premios, posteriormente (ver programa de actos) los alumnos han leído sus trabajos y por último, alumnos del Colegio Gabriel Miró de Alicante han escenificado un cuento y alumnos del Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante han representado el libro "Quiquiricosas" de Juan Clemente, una obra adaptada y dirigida por Pedro Fernández, maestro de dichos alumnos y miembro del Grupo Leo.
Todos los alumnos asistentes han recibido gratuitamente el libro "Leo Leo, que me animo a leer", donde se recogen todos los cuentos y poemas premiados.

Mañana, día 5 de junio de 2009 a las 18 horas, tendrá lugar la entrega de premios a los alumnos del Tercer Ciclo de Primaria y ESO.
Prensa:

miércoles, 3 de junio de 2009

Una mà freda en la boira. Libro del mes de junio de 2009

Una mà freda en la boira
Autor: Alan Monroe-Finch
Ilustrador: Enric Climent
Bromera - El Micalet de Por
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Primer capítol
La fi del món
Feia poc més d’una hora que havien deixat arrere la ciutat de Plymouth. Patrick i el seu pare es van endinsar cada vegada més al país de Cornualla, a l’oest d’Anglaterra, en l’antiga regió cèltica,
considerada en un altre temps la fi del món, i de la mar brava de la qual els vaixells fugien com d’un malson. No havia parat de ploure des que havien eixit de Londres, i l’eixugaparabrises escampava l’aigua amb la persistència d’un metrònom. Patrick, al seient de darrere, mirava les il·lustracions d’un llibre sobre mags i encantaments. Li agradaven aquestes històries, encara que els éssers estranys se li clavaren després al cap i no el deixaren dormir. Més d’una vegada havia de dormir amb un llum encés, sobretot els últims mesos.
Després de travessar el pintoresc poble de Helston, el cotxe es va desviar cap al sud per una carretera secundària que s’endinsava en el cor de la península de Mullion. La pluja a penes deixava entreveure el paisatge. Mark Duncan conduïa a poc a poc, amb la vista clavada al vidre de davant. Li havien parlat d’un hotel magnífic prop de Kynance Cove, però tot just distingia més enllà de deu iardes i els ulls li coïen de tant de fixar-se en la carretera. De sobte, va veure a la cuneta un cartell pintat a mà que anunciava el lloguer d’una habitació, llit i menjar, a una mitja milla. Va mirar pel retrovisor i va parlar amb el fill.
–Tens fam?
–Un poc.
El senyor Duncan va somriure. Patrick era un xicot tranquil, molt sociable, encara que els últims temps tinguera sempre la mirada distreta i l’aire taciturn. Tenia onze anys, onze anys i tres mesos, però no havia volgut celebrar l’últim natalici; encara estava molt recent la mort de sa mare en un maleït accident. Somiava que una mena de sortilegi li la poguera tornar, però començava a adonar-se que es tractava d’un somni impossible.
El cotxe va agafar un camí terrer a l’esquerra, i entre la boira va sorgir davant d’ells una casa de pedra un poc desballestada, maltractada pel vent del sud, pel salnitre, i ben necessitada d’una mà de pintura. Mark Duncan va parar el cotxe davant de la porta, en una esplanada, i ell i el seu fill van eixir corrents i van trobar abric de la pluja al porxe.
–Potser hauríem de continuar cap a l’hotel, Patrick, què et sembla?
–No, ací estaré bé, tinc el meu llibre.
No hi hagué temps per a més comentaris. A l’instant, els va obrir una dona menuda que es refregava al davantal les mans tacades de farina.
–Crec que lloguen una habitació –va preguntar el senyor Duncan–. Necessitem passar una nit, dues potser. Acabem d’arribar de Londres.
–Una habitació?, clar que sí.
La dona els va fer passar i va tancar la porta amb l’avantbraç; es va mostrar un poc torbada, i va fer el gest d’arreglar-se els cabells despentinats.
–Perdone el meu aspecte, no esperava a ningú amb aquesta aigua, estava preparant un pastís.
–De sobte va girar el cap i va cridar cap a dins.– Peter! Peter! Oh, aquest home, no el trobes mai quan el necessites –es va queixar–. Però, passen, per favor. Com et diuen, xicot?
A Patrick li va caure simpàtica de seguida, la senyora de la casa. Tenia uns ulls blaus preciosos
que somreien des del més profund.
–Patrick –va respondre.
–T’agrada el pastís de nabius, Patrick?
No li va donar temps ni a esbossar un somriure. D’una habitació contigua va eixir un home prim, de pocs cabells, que els va acollir amb maneres tosques.
–Estan embrutant la moqueta de fang. Per a què dimonis està l’estoreta de l’entrada?
Mark Duncan es va sentir torbat, però a l’instant es va presentar i va allargar la mà; l’altre es va limitar a inclinar el cap i a remugar un exabrupte.
–No sigues groller, Peter –el va amonestar la dona–. Vinga, prepara’ls una tassa de te. Deuen
estar cansats del viatge.
L’home se’n va anar protestant, i la dona va indicar a Mark i a Patrick que els seguira cap a dalt per unes escales que cruixien a cada pas.
–No li facen cas; el senyor Trevail és un home honest, però no està acostumat a tractar amb la gent.
Mark i Patrick es van fer una mirada còmplice, i tot just van poder reprimir el riure.
Arribaren a una habitació gran i amb unes golfes que s’obrien cap a la banda de darrere, on, més
enllà de la boirina, s’intuïa l’ombra del penya-segat i l’horitzó del mar. Al centre hi havia un llit de cos i mig amb una capçalera adornada per una tela. La resta del mobiliari es componia d’un tocador, un armari de roure al costat de la paret i una butaca davant de la finestra. Tot estava net, escrupolosament ordenat. La llum grisenca es filtrava a través de les cortines i donava a l’estança un to procliu al recolliment.
–Bé, aquesta és l’habitació. Pertanyia a la meua filla.
–Ja no viu ací? –preguntà el senyor Duncan.
La dona no es va adonar del comentari amable; tenia la vista clavada en el cobertor, com si percebera una miqueta de pols que només ella poguera veure i que va tractar de fer desaparéixer amb la mà.
–Només hi ha un llit, però és ample –va dir, i va deixar anar un sospir.
–Ací estarem molt bé, el meu fill i jo, hi estem acostumats.
Patrick va sentir una punxada a l’estómac. En els últims mesos, moltes nits havia hagut de
compartir el llit amb el pare per a mitigar la por, i se n’avergonyia.
La senyora Trevail va obrir l’armari.
–Bé, ací poden guardar la roba. Encara hi ha coses de la meua filla, ho sent, hauria d’haver-les
empaquetat fa temps, però per unes coses o per altres...
–No patisca, hi ha espai de sobra; només estarem un dia, dos com a màxim.
La dona va desplegar de nou un somriure.
–I què els ha portat a la fi del món? –preguntà mentre encenia el radiador–. Ve poca gent a Cornualla en aquesta època de l’any.
–Treball –va explicar Mark Duncan–. Estic buscant un lloc pintoresc per a una empresa de Londres al voltant de Lizard, una cosa semblant a Porthleven o St. Ives, però no tan cara. Hi volen construir un hotel familiar per a jubilats. El clima és ací més càlid i sec que a Londres, pel corrent del golf.
–Quines coses.
–Això atraurà més turisme –es va afanyar a dir, per si la senyora Trevail suposava que un nou hotel poguera afectar d’alguna manera el seu negoci.
–I Patrick, també treballa a l’empresa? –vabromejar la dona.
–No, ell només m’acompanya. Sóc viudo de fa poc i no tenia amb qui deixar-lo.
–Oh, com ho lamente.
Certament, el senyor Duncan tenia amics i amigues que de bona gana s’haurien fet càrrec de Patrick, però coneixia el terror nocturn del xicot i no volia exposar-lo a una situació desagradable.
Era impossible controlar els seus malsons nocturns, es presentaven de sobte i el deixaven completament abatut. Tenia pànic de quedar-se adormit i de veure una altra vegada aquelles cares retorçudes que el perseguien en silenci, un braç que apareixia de no se sabia on, que l’agafava pel coll i que l’arrossegava i el privava de cridar, sempre el mateix: li semblava que el cor se li trencaria d’un moment a l’altre. Però de dia era diferent, potser perquè per damunt de tot volia demostrar al seu pare que no era un poregós.
–Estaré unes hores fora i tornaré a la nit. El xicot no els molestarà.
–Clar que sí. Ens agradarà tenir-lo amb nosaltres.
El meu home estarà encantat d’ensenyar-li els voltants. En això una veu va tronar darrere seu:
–No hi ha res a veure pels voltants, prou bé que ho saps.
El senyor Trevail aparegué en el llindar portant una safata amb dues tasses de te fumejant i un plat amb pastes.
Patrick es va sobresaltar. No li agradava de cap manera aquell home que s’obstinava a mostrar-se antipàtic. De bona gana se n’hauria anat a l’hotel, però el seu pare tenia una cita per a dinar amb algú important i no volia que es retardara més del compte.
Hi hagué un silenci incòmode mentre el senyor Trevail deixava el te sobre el tocador. Tots el miraven en suspens, com si l’explosió d’una bomba depenguera de l’equilibri de la safata.
–Els voltants estan plens de coves pudentes i perilloses –sentencià l’home, i va apuntar Patrick amb el dit–. No és un bon lloc. Aparta-te’n, pel teu bé.
Mark Duncan estava a punt de replicar, però la senyora Trevail se li va avançar i es va dirigir
al xicot.
–No en faces cas. El senyor Trevail sempre fa broma sobre això i no sap quan es posa desagradable.
L’al·ludit va arronsar les espatles i va abandonar l’habitació. La dona va oferir a Patrick el seu millor somriure, com si no haguera passat res.
–Et prepararé un bistec amb creïlles per a dinar, i el pastís de nabius. T’agradaria això, rei?
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Realitza estes activitats:
  • Llig el llibre
  • Podries dir el nom de tots els personatges que apareixen en el conte?
  • En quin lloc d'Anglaterra es desenrotlla el conte de hui?
  • Fes un dibuix de la casa a què arriben Patrick i el seu pare Mark Duncan.

Podéis responder realizando un comentario en este apartado (pulsa al final del artículo sobre comentarios), añadiendo al final vuestros datos: nombre, colegio y curso. Nominaremos a los mejores lectores del curso.

Vuestros trabajos (cuentos, poemas, dibujos...) podrán ser entregados en mano a cualquier componente del Grupo Leo o enviados a la siguiente dirección:

Grupo Leo
Apartado de Correos 3008
03080 Alicante